José Porcar Queral

Profesor de Dibujo, Óleo, Acrílico y Procedimientos

Firma: Porcar Queral

José Manuel Porcar Queral nació en Castellón de la Plana el 14 de Septiembre de 1946, en el seno de una familia de labradores que cultivaban básicamente el arroz y otros productos agropecuarios propios de la economía de subsistencia de la posguerra. En 1960 inició sus estudios en la Escuela de Bellas Artes y Oficios de Castellón, en la que fue alumno de maestros como Ramón Catalán y Gimeno Barón. Este último lo recomendó, en 1964, para que se matriculara en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia. Contaba, además, con el aval de su director, Carlos González Espresati.

Durante los tres años que se estuvo en Valencia fue alumno de Baños y Calatayud en Dibujo Antiguo y Vestiduras, de Octavio Vicent Giner en Escultura; de Francisco Lozano y M. Gimeno en Cromatismo, de Santiago en Anatomía, de Gabriel Esteban en Dibujo Natural y Desnudo; de José Ros en Procedimiento y Retrato, y de Genaro Lahuerta en Paisaje. Ese primer año de estudios obtuvo el Segundo Premio Juvenil Provincial. A pesar de los obstáculos económicos y políticos de la época, el artista no dejó de crear en cualquier contexto. Así, en 1969, obtuvo el Primer Premio del Regimiento Tetuán-14 de Castellón, pintó las Tres Alegorías para el regimiento y, como era costumbre –cuando no una orden– de los tiempos, fue nombrado pintor del Coronel.

A principios de los Setenta, el pintor dejaba atrás los años de formación puramente académica e iniciaba una nueva etapa vital en la que, siempre animado y apoyado por la que poco después sería su mujer y musa, Asunción Museros, se dedicaría a forjar el sueño de cualquier pintor: vivir de la pintura.

Como se puede ver en sus lienzos, la tierra es, en la sensibilidad del artista, doblemente madre, doblemente cultivada, doblemente estimulante y productiva: tierra para ser sembrada y tierra para ser pintada. Sus desplazamientos, entonces, para pintar los paisajes de la Marjaleria, de La Magdalena o del Pinar del Grao los hacía en tartana, de modo que la luz, el color y la gente impregnan, sin agobios de tiempo, su retina con toda la intensidad de las mediterráneas tierras de la Plana. Fruto de este proceso de simbiosis con la naturaleza, sus lienzos participaron, en 1969, en la Exposición Colectiva del Ateneo de Castellón y, en 1970, pudo llevar a cabo su primera exposición individual en el Círculo Mercantil de Castellón. Después, en 1974, Porcar Queral expuso en la Bolsa de Madrid y, en 1975, en la galería Nonell de Castellón. Fueron dos años cruciales, de empuje personal y pictórico, para su posicionamiento entre los jóvenes pintores más prometedores del momento.

En 1976 realizó un viaje de estudios por Italia, Francia, Alemania y España. Los grandes museos, los nuevos paisajes le atraen y le abren nuevos horizontes. Practica la acuarela, pinta con gran facilidad, de manera suelta y agradable; sus apuntes de Siena, Módena, Florencia, río Arno, Munich, París…, reflejan estos intensos momentos. En 1979, el Patronato de la Escuela de Bellas Artes de Castellón le nombró profesor para la vacante de Pintura; esto le permitió trabajar con colegas de gran trayectoria profesional como Mingol, Ahís, Guallart y Catalán. Ese mismo año obtuvo el Premio Especial en el Certamen Nacional y, dos años después, el Premio Especial y Medalla de Oro. Su carrera se consolidaba: en 1982 recibió el Premio Especial y en 1983 el tercer Premio del Certamen Nacional de Pintura. Más de cincuenta exposiciones, algunas antológicas como la de 1990 en la Casa Abadía y la de 1999 en la Caja Rural San Isidro, encargos muy importantes como La Sega y La Batida del Arroz, para el Ayuntamiento de Castellón en 1996, y la decoración del Altar Mayor de la Sagrada Familia en 1998, su participación en la Feria Internacional de Osaka en 1996 y en la demostración artística de Pintores Iberoamericanos en 1997, nos confirman la vitalidad de Porcar Queral, que domina el óleo, la acuarela, el pastel, los acrílicos y los procedimientos del fresco y la aguada.

Su primera época expresionista y su segunda etapa impresionista nos atraen por la fuerza de su obra, la luz y colorido de sus telas y también la psicología de sus retratos, sin olvidar el gran Belén Pictórico que es su Conjunto de la Parroquia de la Sagrada Familia de Castellón. A estas alturas, su creatividad continúa tan vigorosa y generosa como siempre, origen de un trabajo admirable, constante, serio, honesto y, en definitiva, vital como pocos.

 

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